1.24.- Raíces Canarias I : COCHINILLA

Libro: Raíces Canarias I
Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán.
Etimólogo y Poeta.
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COCHINILLA

Es sabido que los Fenicios fueron los descubridores del color púrpura, que en griego se dice Foinix (Foenix). De ahí  Foinike (Foenike) = Fenicia. O sea que  tanto el pueblo, como su país, fueron conocidos por el color de la púrpura que descubrieron, que la extraían del Murex, molusco gasterópodo que se daba en las  costas fenicias, cuya palabra significa en latín “púrpura”.

Para adquirir dicho tinte recorrieron el Mediterráneo y atravesaron las Columnas  de Hércules, llegando hasta la costa de Elisa.

Dice el capítulo 27, versículo 7, del Profeta Ezequiel, en referencia a Tiro: <<De lino fino bordado de Egipto era tu cortina, para que te sirviese de vela; de azul y púrpura de las costas de Elisa era tu pabellón>>. Es oportuno mencionar que tradicionalmente se dice que Elisa o Dido, hija del Rey Delo de Tiro, para librarse de la Tiranía de su hermano Pigmalión, se trasladó a África y fundó Cartago. Podría ser que sus paisanos fenicios o cartagineses, bautizaran con su nombre a algunas de las Islas que llamaron Alizuth. Es también posible que la Isa, aire y estampa folklórica Canaria, haya tomado su nombre de El-Isa.

El nombre Elisa nos recuerda al de Elisios Pedion (Campos Elíseos de los griegos) traducción de Alizuth (el placer, la alegría, de los fenicios).

Plinio, en el relato que nos hace, tomado de otras fuentes, pues nunca estuvo en las Canarias, se refiere a la púrpura y a las Purpurarias, situadas en la proximidad de las Fortunatae Insulae.

En la pág. 67 de Las Islas Canrias en el Mundo Clásico de Antonio Cabrera Perera, se cita a Plinio: <<Tampoco son más ciertas las noticias de las islas de Mauritania. Sólo se sabe  con certeza que unas pocas están frente a los Autololes, hallados por Iuba y en ellas  había establecido en el teñido de la púrpura getúlica>>. Y continúa más adelante: <<Juba expuso así su descubrimiento: Se hallan situadas hacia el sur y casi al Poniente, distando unas seiscientas veinticinco millas de las Purpurarias, siempre que se navegue doscientas  cincuenta millas hacia el norte-poniente y luego trescientas setenta y cinco hacia el oriente>>.

Es de mencionar que no se han encontrado  concheros, como restos de Múrex, en ninguno de esos lugares frente a Mauritania, como deberían existir, si se hubiera explotado el Múrex. Por otro lado, sabemos que hasta principio de la tarcera década del presente siglo, se exportaba de Canarias la Cochinilla para el uso de su tinte en

 

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la industria textil, siendo aceptado en forma general, qe dicho insecto es originario de México y se cría en el nopal, planta que luego se llevó a Canarias, donde se conoce como tunera o penquera. Yo creo que hay un error histórico en dicho origen. Citaré al respecto lo que dice Joan Corominas en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana: <<Cochinilla, 1555. “Insecto americano del cual se extrae la grana colorante”. Origen incierto, aunque la documentación coetánea localiza la grana, en América, el vocablo no parece ser indigenismo indiano, si bien en el Nuevo Mundo se aplicó este nombre a una  variedad de grana americana; más bien parece ser de origen romance, y quizá ya procedente de España con la forma primitiva “cochinilla”, derivado mozárabe del griego konkhylion “concha”, pues concilla (siglo XIII) se empleó allí en el sentido de  “púrpura” y “cochinilla”>>.

   Es oportuno recordar que, como ya hemos indicado, los genoveses visitaron nuestras islas en el año 1291, o sea a finales del siglo XIII, fecha que coincide con  el empleo de la cochinilla en España, según acabamos de ver.

   Por otra parte nos habla el historiador franciscano Abreu Galindo de Higuerales en Canarias, según cita Rixo en la pág. 53: “…Aquí consigna que el gobernador Pedro de Vera sale del Real de Las Palmas y en dos navíos se dirige a Lagaete donde desembarca y, <<considerando el sitio  ser bueno y acomodado de agua y ganado y abundoso de hiquerales…>>”.  Realmente no nos especifica de qué higuerales se trata, si de higueras de higos de leche o picariños, o de tunas. Por otro lado, cita Rixo en la pág. 119 el nombre Tehahunemen, como mencionado por el P. Galindo en la pág. 206. Dice: <<Se refiere sin duda (dice la Etnografía) a  Tazert-iroumin, que significa higos tunos en árabe…>>.  Yo creo que Tehahunemen debe ser una palabra compuesta, donde vemos el sufijo ibero Men ya analizado, con el significado de elevación, abundancia, como en “velamen” = conjunto de velas. Por ello, como para encontrar el sustantivo primitivo en “velamen”, debemos suprimir el  sufijo Men, quedándonos Vela, del mismo modo, en Tehahunemen, nos quedaría Tehahune; pero en guanche era frecuente la contracción de las palabras, como encontramos en Arure, lugar en La Gomera, y Arurea, ladera en Guía en Tenerife, que se dice son contracción de Aruerugarias, pueblo de Canaria. Igual tenemos en  el nombre hebreo Bethlehem, de donde resultó Belem, en Abbas, contracción de  AbulAbas, y en Vuetra Merced-Vusted-Usted-Usté. Por ello, creo que Tehahune  se redujo a Tune, y de ahí  Tuna, pues en guanche era común  el intercambio e/a, final de palabra y como en Teide/Teida y en Guere/Guera (como en Aguere y Veneguera).

   Es oportuno mencionar que en la pág. 445 de Bethencourt, aparece mencionado por Chil el caserío Túnez, que yo pienso pudo ser Tune, y se deformó por homofonía.

   De Tuna se derivaría Tunera, que es la misma penquera canaria, que en México se llama Nopal.

   Volviendo a Tazert-iroumin (higos tunos), es interesante que en Gran Canaria encontramos la localidad de nombre “Tasartico”, cuyo nombre yo creo compuesto de Tasart + ico. El primer elemento parece ser el mismo Tazert, pues tiene la misma raíz bereber z(s)-r, donde la segunda a se transformó en e, cosa común en guanche, como llevamos dicho. El segundo elemento Iroumin contiene las raíces

 

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Ir = piedra y Min = Men = abundancia, o sea pedregal. La tunera se da en lugares áridos y pedregosos, que conservan la humedad. En cuanto al segundo elemento, Ico, creo es la raíz griega Ico de Icode/Icoden, ya analizada. Hay otro nombre,  “Virichombo”, de una localidad en Tenerife, que se ve compuesto de dos elementos: Viri + Chombo. Viri parece ser el genitivo latino de virus = fuerte, y Chombo creo es el mismo Chumbo, en que la u se transformó en o, como de Clueca se originó clocar o cloquear y Cloco (de Sorrocloco, ya analizado).

   Higo Chumbo, Higuera Chumba, según Joan Corominas es: “1836. Etimología incierta; parece ser voz oriunda de las Antillas originada modernamente”. Según el Diccionario Espasa, “Chumbo/a, f. Se dice de la higuera chumba y de su fruto. Chumbera f, Higuera Chumba. Nombre vulgar de las cactáceas de los géneros Opuntia y Nopalea. Hay más de un centenar de especies, de las que algunas por el  cultivo se han extendido a las Canarias y Antiguo Continente, naturalizándose hasta el unto de caracterizar alguna de sus nuevas patrias”.  Yo cero que la Chumbera fue llevada desde Canarias a las Antillas y al resto de América, donde se naturalizó, y pasó a caracterizar a su nueva patria, México, como Nopal, caso semejante a Guara/Guaracho guanche, que originó la Guaracha cubana y mexicana, y pasó  a ser considerada originaria de dichos lugares, y luego llevada a Canarias.

   Nos menciona Bethencourt en las págs. 261/299/396 a Abicor (lugar de Taganana) y Abícore (antiguo nombre del Valle de San Andrés, en Santa Cruz, Tenerife): “<<en 20 de Diciembre de 1527, estando en el valle que dicen de San Andrés, que diz que se solía llamar el Valle de las Higueras… a una peña e higueras salvajes se hartaron hasta do se fizo un majano…>> (Datas. Lib. 3º y 5º por testimonio)”.

   Por otra parte nos habla de: “Bicore <<Higos de leche>> (Ficus carica, Linn.)…”

   Es interesante que se distinga específicamente a “Higueras e Higueras salvajes”.
Por otra parte, el apelativo “carica” dado al higo “bicore”, significa en latín “higo de Caria, y también yerba espinosa o árbol parecido a la higuera”. Observemos que se hace alusión a lo espinoso de la yerba, y a que el árbol es parecido (no igual) a la higuera, lo que podría indicar que las “higueras salvajes” fueran tuneras. Por otra parte, pienso que Bicore podría guardar relación con Tazartico, pues en el primero aparece el componente “Icore” (Bicore estaría compuesto de Bin (hijo) +Icore (Icode) = hijo de Icode, en tanto que en segundo encontramos a “Ico”, su sinónimo, como acabamos de indicar.

   Es significativo que Carica, como llevamos dicho, significa en latín “higo de Caria”, siendo Caria una comarca de Asia Menor y también del Peloponeso (Grecia), frente a Ikaria (Ikos o Ikaros). Pienso además que Ikaria podría ser nombre compuesto, derivado de Karia, por lo que las semillas del “ficus Carica o Bicore” pudieron ser importadas a Icode por el pueblo Benicoden.

   A propósito de tunera o penquera, vemos en la pág. 45 de Rixo el nombre Achipenque = casa o cueva mal hecha. También nos cita Viera la cueva de Achibinico, a donde fue llevada originalmente la imagen de la Virgen de la Candelaria. O sea que Achipenques es palabra compuesta de Achi = Cueva + Penque = mal hecho(a). Pero en Canarias tenemos el nombre “penca” para referirnos a la hoja o pala de la penquera o tunera, lo que nos indica que ese nombre existió desde la época guanche.

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Por otro lado, se usa el nombre “penco” para referirnos al jamelgo, deforme como lo es la penquera. En catalán y portugués, “penca” es la tira de cuero o vaqueta con que el verdugo azota a los delincuentes, y en germano, “pencar”  significaba  “azotar el verdugo”. Debe ser por lo espinosa de la penca. No olvidemos que los portugueses al igual que los mallorquines, vecinos de los catalanes, incursionaron en Canarias a fines de la Edad Media. Resumiendo, yo creo que en Canarias existió la tunera o penquera desde tiempos de los fenicios, y por ello, la púrpura no era otra que la cochinilla. Pienso, por otro lado que uno de los motivos de la expedición de Jean de Bethencourt a la conquista de las Islas de Canaria, pudo ser  la de obtener el tinte para su industria tintorera que debió tener en la Normandía. No olvidemos que Jean de Bethencourt era, según cita Viera en la pág. 277 del Tomo I, <<…caballero francés de la notabilísima y antiquísima casa de  este nombre…Señor de Bethencourt, de Grainuille le Teinturiere (tintorero, subrayado nuestro) en el país de Caux…>>.

   Es de añadir que a los higos tunos pasados se les llama en Canarias “purretos”. Pues bien, en Venezuela existe el vocablo “pureto”, que también se  contrae en “pure”, y seguramente es el mismo “Purreto”, para designar  en forma despectiva al anciano, por lo de sus arrugas, como arrugado es también el “higo purreto”. Yo creo que ese vocablo fue introducido en Venezuela por el Canario de los primeros tiempos, lo que nos hablaría de su existencia en Canarias desde tiempo de los  guanches.

   Por considerarlo de interés, en relación a la púrpura, transcribiremos lo que nos dice Bethencourt sobre los Iberos Canarios, en su pág. 107:

   <<Creemos que en la antigüedad el tinte purpurino lo obtuvieron no sólo de los  múrices sino principalmente de la orchila y la coscoja, y dada la abundancia de estos dos últimos artículos en el archipiélago, es probable lo llevaran a su mercado natural de Turdetania, de donde lo exportaban en grandes cantidades según Plinio; como también es de presumir que los iberos isleños, al igual que sus congéneres los peninsulares, los utilizaran para teñir sus vestidos de lana, y que al caer en el curso de los siglos su civilización al extremo de olvidar el empleo del huso, continuaron tiñendo las pieles como antes los tejidos>> .

   El Diccionario Sopena define así a la Coscoja: <<Árbol cupulífero achaparrado, parecido a la encina y en el que de preferencia vive el quermes  formando el coscojo>>.

   El Diccionario Abreviado Espasa dice con respecto al “quemes”: <<Insecto  hemíptero parecido a la cochinilla, que vive en la coscoja y cuya hembra forma las agallitas que dan el color de grana>>.

   Sabemos que estamos tratando de una época de  alrededor de los siglos X–V a.C., en que hubo relación entre los pueblos Ibero y Fenicio, al sur de la Península Ibérica, por lo que  consideramos oportuno transcribir lo dicho por Hermanfrid Schubart en “Los Primeros Asentamientos Fenicios en las costas de la Península Ibérica”:

   <<Entre los hallazgos de restos de moluscos, sobre todo de caracoles de mar, encontrados en los asentamientos fenicios, llamó la atención  en Toscanos el alto número de conchiles. Los fenicios se sirvieron de varias  clases de esos moluscos

 

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para la elaboración de la púrpura, según sabemos por las fuentes escrita y por los hallazgos excavados en los alrededores de las ciudades fenicias de la metrópoli. Allí los restos  de los moluscos se solían apilar en las afueras de las poblaciones,  debido al olor sumamente desagradable que éstos despedían durante el proceso de elaboración. Tales montones no se han podido detectar hasta ahora en la  Península Ibérica, pero los restos hallados en Toscanos podrían estar relacionados  con algún  taller dedicado a la producción de púrpura. A favor de esta teoría hablan los orificios practicados en las conchas de los moluscos y que son idénticos a los observados en Sidón y Tiro. Este indicio arqueológico parece confirmar  que los fenicios seguían elaborando la púrpura también en el Mediterráneo occidental, lo que parece tanto más probable cuanto que la intensidad de la producción de la  púrpura podría haber agotado en Orinte la materia prima, obligando a los  fenicios a buscar bancos de moluscos. La elaboración de la púrpura jugaría  entonces un papel muy importante, aunque seguramente no habrá sido la única razón que impulsara a los fenicios a colonizar el Mediterráneo occidental. Suponemos, pues, que telas teñidas con púrpura constituirían un codiciado artículo de exportación no sólo para el “hinterland”, sini igualmente para la metrópoli>>.

   Yo añadiría que al no encontrarse los montones de conchas, y sí existir los talleres de la púrpura, es posible que la fuente de la materia prima fuera la coscoja, producto del quermes, muy parecido a la cochinilla, y el lugar de origen de ambas, Canarias.

 

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