1.6.- Libro Raíces Canarias I. NOTA PREVIA.

NOTA PREVIA

Como quiera que en este trabajo haremos referencia con alguna frecuencia al  Tomo I de la Historia del Pueblo Guanche de Juan de Bethencourt Alfonso, así como  a Noticias de Historia General de las Islas Canarias  de José de Viera y Clavijo, y a Lenguaje de los Antiguos Isleños de José Álvarez  Rixo, nos referiremos a ellos simplemente como: Bethencourt, Viera  y Rixo.

Antecedentes humanos, culturales y lingüísticos del Pueblo Guanche.

Antes de entrar en el análisis etimológico, haremos algunas consideraciones sobre los distintos pueblos de que se tiene noticia visitaron o poblaron nuestras  Islas en el lejano pasado prehispánico, así como de otros que influyeron a través de  ellos, con su idioma, para conformar la lengua existente en el Archipiélago, al  momento  de su redescubrimiento y conquista.

Es generalmente aceptado por los lingüistas que el idioma guanche tuvo  influencia en esos lejanos tiempos, de los egipcios, persas, chinos, japoneses, tartesios, fenicios, hebreos, griegos, etruscos, cartagineses, iberos (del mismo origen  que los vascos y turdetanos), romanos y celtas/bereberes, y posiblemente, en época más reciente, de los vikingos.

Aunque son relativamente pocos los vocablos guanches que han  llegado hasta  nuestros días, o de los que tenemos noticia que existieron, encontramos entre ellos  dos clases bien diferenciadas: los topónimos fundamentales  más antiguos, de  tiempos antes de nuestra Era, que identifican generalmente al Pueblo Canario y a la mayoría de sus Islas, que son los menos, y otros nombres, que son mayoría, de data  menos antigua, a partir del siglo I de nuestra Era, dados casi siempre a lugares de significación local, fauna, flora, utensilios, alimentos, indumentaria, costumbres, etc.

Hurgando en las raíces de esos pueblos más antiguos, que dejaron su huella lingüística en Canarias, creo haberme cercado al origen etimológico de algunos topónimos y de  otros nombres (los primitivos), con la particularidad de que la gran mayoría de ellos tienen origen  mediterráneo  (tartesio, hebreo, fenicio,  etrusco, ibero, griego y romano), y a través de ellos, ( el sánscrito, chino,  japonés, persa, galo, gaélico, germano e irlandés), girando casi todos ellos  alrededor del Pico de

 

 

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Tenerife, que debió impresionar a los antiguos navegantes  por su volumen y altura colosales, el pinar de su monte, sus erupciones periódicas, a veces acompañadas de hundimientos, como sucedió en Garachico el 5 de mayo de 1706, el humo de su Volcán, el fuego de su lava, su nieve presente buena parte del año, y la blancura de  la misma.

También tuvo influencia decisiva la benignidad del clima  del Archipiélago, la belleza de su paisaje, junto con la variedad de su topografía y la abundancia de la flora y frutos en la mayoría de las Islas, (especialmente los palmares de Gran Canaria), y la riqueza de su fauna, todo lo cual debió causarles la impresión de haber llegado a un lugar paradisíaco, a un remanso de paz y felicidad.

Es interesante anotar que algunos lugares recibieron nombres  de más e uno de esos pueblos antiguos, diferenciándose a veces en el enfoque de la idea,  pero coincidiendo en el motivo central que los inspiró.

Dichos topónimos constan, por lo general, de dos elementos o raíces, aunque en algunos casos se encuentran tres y hasta cuatro,  con frecuencia de distintos orígenes,  acordes con la diversidad de pueblos que directa o indirectamente convergieron en el crisol lingüístico  que conformó el idioma guanche.  Otros nombres resultaron copia de los idiomas de origen.

Esas  raíces que identifican al idioma guanche en forma más  destacada son: Te, Che, Eche, Ta,  Cha,  Ti, Chi, Tin, Chin, Ga, Gua, Gan, Guan, Can, Ner, Nin, Niv, Ide, Ida, Ife, Ifa, Ir, Ar, Aria y Men.

Los vocablos de data prehispánica menos antigua (a partir del siglo I de nuestra Era), que dieron nombre a los lugares de menor significación, objetos y costumbres, como ya hemos indicado, son, en mi opinión, en su mayoría, de origen romano-celta/bereber

 

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