1.7.- Libro Raíces “Canarias I”. AUGE Y DECADENCIA CULTURAL DEL PUEBLO CANARIO PREHISPÁNICO.

EXPLICACIÓN QUE YO PROPONGO PARA EL AUGE Y DECADENCIA CULTURAL DEL PUEBLO CANARIO PREHISPÁNICO

 Es de observar que, a pesar de la falta de escritura, de navegación y consecuentemente de comunicación  entre las islas del archipiélago, con muy raras y anecdóticas excepciones de foles confeccionados con zurrones, de que nos habla la tradición, las cuales señalaremos más adelante, la carencia del arco y la flecha e inclusive de la honda, a pesar de esas carencias culturales que encontraron los  Genoveses, Mallorquines, Aragoneses, Gallegos, Castellanos, Andaluces,  Vizcaínos, Portugueses y Normandos, había sin embargo, para los siglos XIII-XV, una unidad étnica (cromañoide), lingüística (Celtíbera) y de creencias y costumbres, en todas las islas del Archipiélago, que nos habla a las claras de un origen común, y de un sustancial  y prolongado intercambio humano y cultural, en un pasado no my lejano.

   Hasta donde se tiene noticia, fueron los Genoveses los primeros en redescubrir el Archipiélago a fines de la Edad Media, según nos refiere Viera en la pág. 255 del Tomo Primero: “El P. Agustín Justiniani en los <<Anales de Génova>>, dice que  en 1291 se equiparon en esta ciudad dos galeras con dicha mira, a cargo de Teodosio Doria y Hugolino de Vivaldo, a quienes  acompañaron dos religiosos de  San Francisco. Y el Petrarca testifica ser tradición de sus mayores que esta armada de genoveses aportó a las Canarias; bien que ni uno ni otro autor nos instruyen de los frutos  de aquella  expedición, y sólo Papiro Masson en sus Anales es quien escribe  que los Genoveses fueron  los primeros descubridores de las islas”. (Redescubridores, a finales de la Edad Media, diría yo).

   Dicha unidad lingüística quedó  demostrada, según reza en la pág. 137 de Bethencourt, cuando <<el inglés Thomas Nichols, hombre observador  hizo observaciones en nuestro país en 1526,  declara que el idioma de los naturales era el mismo en todas las islas>>.

   También confirma dicha unidad idiomática el hecho de que cuando Jean de  Bethencourt solicitó en  audiencia del rey Enrique III de Castilla  un buen sacerdote que entendiera  el idioma del país conquistado (para la fecha Lanzarote,  Fuerteventura, Gomera y Hierro), el rey le dijo: <<Yo os daré un hombre de bien… que entienda el idioma de Canaria>>, según Bontier y Le Verrier. Vid pág. 138 de Bethencourt. Ello nos indica que la lengua de Canaria era la misma al menos en ls cuatro islas acabadas de mencionar, pues Don Alberto de las Casas, como se

 

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llamó el sacerdote en cuestión, y quien llegó a ser el primer obispo  de Canarias, podía entenderse en todas ellas, con el sólo idioma de Canaria.

   También cita Bethencourt en la pág. 139 que los intérpretes Isabel y Alfonso, aunque eran de Lanzarote, se entendían con los isleños de Fuerteventura, y que otro intérprete de nombre Augerón, de la Gomera, también se entendía con los del Hierro, según Fray Pierre Bontier y el Sr. Jean Le Verrier (clérigo, presbítero y limosnero este último), Capellanes y Cronistas de Jean  de Bethencourt.

   Igualmente quedó demostrada esa unidad lingüística, cuando los naturales de las Islas ya conquistadas, fueron usados para ayudar  en la conquista de las otras aún por conquistar, aprovechando de que todos  se entendían entre sí, y por ello podían actuar  como intérpretes y emisarios.

   No es mi propósito entrar en el tema  de la unidad étnica, la cual ha sido suficientemente demostrada por el sabio,  experto en dicha especialidad, Dr. Juan Bethencourt Alfonso. A sus obras, especialmente Historia  del Pueblo Guanche, remito a quienes deseen profundizar en esta materia.

   En cuanto a la unidad de creencias y costumbres, me referiré sólo a las más  importantes: el culto a un ser superior; la cabra y la oveja, como animales proveedores de su principal alimento: la leche, que junto al gofio consistía en su comestible preferido, además de proporcionarles la carne, y la piel para su vestido, y otros fines. Igualmente el uso del gánigo o guánigo, especie de cazuela  de barro, que usaban tanto para cocinar, como de plato para comer.

   También era común entre los aborígenes Canarios el arte del labrado de la piedra y la madera. Aún hoy observamos la perfección  de los “majanos”, formados con las piedras que obtenían nuestros abuelos al “sorribar” el terreno virgen, cuya tierra limpia allanaban  para formar las huertas destinadas  al cultivo, y de las paredes  y murallas de piedra seca, elaboradas con gran maestría.  Con respecto a esta habilidad del labrado, tanto de la piedra,  como de la madera, nos cita Bethencourt en la pág. 104, según referido por Gil y Naranjo, sobre algunas casas encontradas en la isla de Canaria, descritas así por Bocaccio: <<Estaban fabricadas de piedras cuadradas labradas con gran artificio y cubiertas  de grandes y hermosas maderas>>. Y sobre el mismo tema, cita el mismo Bethencourt, por fe del padre Sosa: <<… y reparando en lo pulido y labrados de sus  maderos, y en el ajuste de sus tablones y vigas, quedé fuera de mí casi…>>.

   Por creerlo muy ilustrativo de la cultura guanche,  citaremos lo que dice Viera al respecto en las págs. 154 y 155:

   <<…¡Qué espectáculo no sería ver una partida de veinte o treinta canarios arando una fanegada de tierra,  cada cual manejando un garrote de seis palmos a modo de reja, y por detrás las mujeres  sembrando la cebada por los surcos! Nueva estimación, nueva escena del campo. Estas mismas mujeres segaban las espigas, las trillaban, aventaban la paja con sus manos, y engraneraban la cosecha en los silos y cuevas más enjutos. Pero por útil y apreciable que se nos represente el ejercicio natural de la agricultura. Siempre hallaremos no sé qué cosa más de hechizo en la vida pastoril de los guanches. Si se consideran aquellas tropas de inocentes isleños viendo sobre sus rebaños; conduciéndolos a sus respectivos términos; extirpando todo género de yerbas nocivas de en medio de las

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provechosas. Acercándolos a las aguas y comunes abrevaderos, acertando a la  primera ojeada con el número fijo de cabezas de una manada; distinguiendo aún entre mil ovejas paridas, cuál era la cría de cada una; tocando sus flautas de cama o panderos de drago forrados de pieles, cantando sus amores, sus ausencias, sus celos y lsa hazañas de sus predecesores…>> Y continúa:<< Fuera de esto era oficio de las mujeres moler el gofio, guisar las viandas, cuajar los quesos, cortar los tamarcos, etc. Había albañiles que entendían  en la construcción de las casas y apertura de cuevas; pescadores y tratantes en marisco; tintoreros de pieles y juncos, que hacían sus tintes con tierras, cáscaras y raíces de árboles, o con el jugo de las yerbas y flores, embalsamadores, que disecaban los cadáveres y los  conservaban incorruptos como para la eternidad;… y carniceros…zurradores, que adobaban los cueros; estereros, que fabricaban esteras de palma, biombos de caña y soga de junco; alfareros, que hacían gánigos y cazuelas de barro; pintores, que pintaban en piedras  bruñidas con almagre, jis, ocre y otras tierras  de color; bautizadoras, esto es, ciertas mujeres desinadas para lavar las cabezas de los recién nacidos, etc. … >>

   Otra manifestación o habilidad cultural común entre los aborígenes canarios era su rico Folclor: Baile y Canto. “El Canario” , padre de los actuales aires y  estampas folclóricas Canarias Folía, Isa, Tanganillo y Tajaraste, entre otros, fue famoso, y estuvo de moda en las cortes europeas hasta el siglo XIV. Algunas  pocas cortas poesías, generalmente de enternecedor tema amoroso, han llegado traducidas  hasta nosotros, así como unas pocas leyendas que nos cuenta la tradición, como la  de Guajara, que nos recuerda la saga  nórdica de Gudrún, que referiremos en este  mismo capítulo.

  Acabamos de ver estas escasas manifestaciones culturales, en un pueblo técnicamente  en estado primitivo, que, como hemos indicado, nos hablan claramente de un pasado no muy lejano, en que debió existir un nivel cultural mucho más desarrollado, según veremos de inmediato.

   Como prueba muy elocuente de que al menos para los siglos I a.C.,  y I de  nuestra Era el pueblo Canario tenía escritura, leyes y otras manifestaciones  civilizadas, citaremos las epigrafías transcritas por Bethencourt: dos de Gran  Canaria, y cincuenta y seis del Hierro, las cuales fueron grabadas en la roca, en caracteres iberos (Figs. IA/IB).  Se hace mención en dichas inscripciones de tablas y tabletas, concretamente en las Nº XII, XX, XXIII, XXVI y XXXI. Fueron traducidas por el eminente Profesor inglés John Campbell. No guardan uniformidad en la dirección y sentido de la escritura, pues unas veces se presentaban en columnas  de arriba hacia abajo, comenzando por la izquierda, y otras horizontalmente, empezando unas por la izquierda, y otras por la derecha, e incluso algunas están  escritas en lenguaje  Bustrofedón, fenicio, introducido en Grecia en el siglo XV a.C. por Cadmus, junto con el alfabeto, también invención fenicia. Dicho lenguaje Bustrofedón usaba el mismo camino del buey cuando ara, o sea girando, regresando arando, al terminar cada surco. Este proceso está contenido  en la etimología de Bustrofedón: Bus (Bous) = Buey, Strofé = Vuelta, y Odos =  Camino, o sea, “el camino del buey que da vuelta (cuando ara)”.

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Antes de proseguir con estas inscripciones, nos referiremos a la huella griega en el pueblo guanche, según queda demostrada en el origen etimológico de Icode/Icoden, tema que será desarrollado ampliamente  en capítulo aparte, así como en varios otros topónimos canarios primitivos, y, en costumbres, como el lenguaje Bustrofedón, que luego usaron los ibero-guanches, como acabamos de mencionar.

   Al mismo tiempo haremos mención a la influencia púnica (fenicio-cartaginesa), como, lo demuestra el hallazgo arqueológico reciente en Bilma, El Tanque, al cual nos referiremos ampliamente más adelante.  De ese pueblo nos ha quedado el nombre “Alisios”, dado a nuestros vientos, que se ve claramente  calcado del Alisuth fenicio, traducido por los griegos como Elisios.

   Resumiendo, yo considero que hubo cuatro pueblos mediterráneos que  ejercieron la mayor influencia en la génesis del pueblo Guanche: los fenicio-cartagineses, los griegos, los iberos y los romanos. Más tarde se les unirían  los celtas-bereberes.

   Establecida esta premisa, volveremos al tema de las inscripciones.

   A partir de su contenido, el Profesor Campbell estimó que las mismas datan de los siglos I antes y I de nuestra Era.  Transcribiremos el texto de unas pocas  de esas inscripciones, las que más ilustran lo antes dicho.

   La Nº III dice: <<Pimo, habitante de Taya, notifica conforme ley a Taca de que está prohibió pacer las vacas en terreno ajeno>>.  (Subrayado nuestro)

   La Nº IV: << Machisala el rey (o señor o gobernador) de bimbachos>>. Es oportuno señalar que, según Bethencourt, los aborígenes del Hierro se llamaban  “vimbapes o bimbachos” (Subrayado nuestro).

   La Nº V: <<Ganibeta>> = (Cuchillo). Es interesante  que en vasco, cuchillo se dice Ganibet, y en provenzal, Canivet, en tanto que en francés es Canif, y en inglés, Knife. Esto nos confirma la influencia ibero-vasca en el ibero-guanche, posiblemente a través de los ibero-turdetanos del sur de la Península Ibérica.

   La Nº XX: <<La tableta contribuye a respetar mensajero hacia Beberabe: el Comandante Beberabe, jefe de Goma>>. Creo posible que este Goma  sea Gomera. La palabra Jefe, aparece en ibero-guanche como “zari”, que viene siendo “Tari” en ibero-vasco. En el capítulo “Fuentes lingüísticas  que nutrieron al idioma guanche”, haremos un amplio análisis de este nombre. Es interesante notar la semejanza del ibero-guanche con el ibero vasco, como  vimos igualmente  en “Ganibeta”

   Encontramos esa misma coincidencia en “Aita”, en la inscripción Nº L, con significado de padre, igual que en vasco, y en “Jabe”, en la  Nº II (de Sta. Lucía, Gran Canaria), con la connotación de Señor. Jabe  en vasco significa dueño, que tiene un significado semejante.  También hallamos el término “berri”, que en vasco significa “nuevo”, en el nombre Sotoberri que apareció  en el manto de la imagen  de la Virgen de Candelaria. Soto en vasco significa sótano, corral. También vemos ese nombre  en la inscripción  Nº XXVI, en Alberri.

   La Nº XXVII: <<El ganado ya cubierto incorporado a los corderos, el pastor colocará los corderos pareados (de dos en dos) y en fila: es preferible imposibilitar los moruecos de su virilidad (castrarlos)>>.

   La Nº XLIX cita al enviado Lamia: <<Contemplad! El pueblo amontona la tierra al difunto Lamia>>.

 

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La inscripción LI menciona a dos de los invitados de Roma: Manota y Lamia: <<Contemplad Bama hace el epitafio del difunto Manota. Roma da autoridad al amado Lamia>>.

   En la Nº LVIII, el rey computa al pueblo 15 Ras, 4 Chis, 4 Bes: <<Mai metatu name mata 15 Ra 4 Chi 4 Be>>.

   La palabra “Mata” = rey, aparece en la inscripción  Nº XVII como “Mate”, y según Mr. Campbell se corresponde en japonés con Mi-to y Mi-kado = “La honorable o sublime puerta”, que en vasco sería mi-ate, donde mi (abreviación de “Mira”) = admiración + “Ate” = puerta. “Mikado” es el título que se da al Emperador  del Japón, con la connotación de Rey, que en realidad significa “Sublime Puerta”. “Ate” es la misma “Gate” inglesa y la “Geata” gaélica. Aquí vemos que el ibero-vasco y el ibero-guanche están relacionados entre sí, y a su vez con el japonés, el inglés y el gaélico.

   La Nº LIX habla nuevamente del mismo Lamia; también habla de Tacitio, que Mr. Campbell identifica como el emperador romano Tito:<<Tácito o Titu Tacitio o Titus o Tito da(o delega la) autoridad al rey. Contemplad la autoridad. Otadi, por requerimiento de Lamia, confiesa (ser) Tácito o Tito, la puerta de autoridad>>.

   Estas inscripciones son de gran importancia, por ser testimonios escritos, que nos hablan de una historia antigua de Canarias, y nos permiten llega a las siguientes conclusiones:

  • La presencia ibera en el Archipiélago, en por lo menos los siglos I a.C. y I de nuestra Era.
  • Un lenguaje ibero desarrollado en su escritura y lectura.
  • Dependencia de Roma por parte del Archipiélago, para esa época.
  • Implícita comunicación marítima del Archipiélago con Roma, y por ende entre  las Islas, para la época.
  • Existencia de ganado vacuno y ovino, así como su control racional.
  • Una sociedad regida por leyes.
  • Existencia de monedas e impuestos.

Como vemos, existió en Canarias un pueblo ibero, que tuvo relación de dependencia con Roma. La primera noticia que tenemos del conocimiento concreto del Archipiélago por parte de los romanos nos la da Plutarco en sus “Vidas Paralelas”, en que nos habla de que Sertorio, estando en Hispania, en el año 78 a.C., pensó pasar sus últimos días en el Archipiélago, prueba de que para entonces éste era ya conocido por los romanos. También Lucio Floro, refiriéndose a Sertorio, según cita Viera en la pág. 245 del Tomo I de su libro 3, asegura <<que había penetrado a las Afortunadas al tiempo de sus navegaciones por el Océano>>. Por  otra parte tenemos  que Iuba I, quien fue rey de Numidia a partir del año 50 a.C. fue vencido por César en el 42 y obligado a darse muerte por haber abrazado el  partido de Pompeyo. Su reino pasó entonces a ser provincia romana. Su hijo Iuba II   fue llevado a Roma cuando contaba cinco años, y protegió por César, quien lo educó con esmero.

   Su deseo por saber más  sobre el Archipiélago, le llevó a organizar  y realizar su célebre expedición en el año 46 a.C., de la que tenemos noticia  por Plinio, pues sus libros se han perdido totalmente. Luego Augusto, le constituyó un reino con las

 

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dos Mauritanias,  siendo Cesarea su capital, que fue un centro brillante de civilización helénica. Murió en el año 18 de nuestra Era.

   Como llevamos dicho, en la inscripción LIX aparece Otadi, contemporáneo de quien parece  ser el emperador Tito, el cual reinó hacia el 80 A.D., en tanto que el personaje más antiguo que se menciona en la inscripción Nº VIII, es Tabera, habiendo existido este último cinco generaciones atrás, y calculando cada generación  en 30 años, nos daría un total de 150 años, o sea hacia el 70 a.C., muy próximo a la fecha de Sertorio antes mencionada. Este razonamiento aparece en la pág. 192 de Bethencourt.

   Pienso que Tabera debió dar origen al apellido Canario Tabares, donde se produjo metátesis, tan común en el Guanche. De ser así sería el apellido Canario  más antiguo  conocido, aunque es generalmente  aceptado como de origen portugués.

Yo creo que hay una relación lógica entre el auge  de la cultura ibera en ese período reflejado en las inscripciones, y la dependencia de Roma, que al principio, o sea entre Sertorio y Iuba II, debió ser por la vía  del Atlántico, desde la provincia romana de Iberia, donde habitaban los hermanos Iberos Turdetanos, reputados de cultos, según cita Bethencourt en la pág. 97, por fe  de Estrabón: <<Son  los más inteligentes de todos los ibéricos; tienen un alfabeto y poseen  obras escritas , poemas y reglas métricas de una antigüedad de más de seis mil  años, según ellos afirman>>. La Dama de Elche es prueba de ello.

   Pienso que a partir de Iuba II, la mayor parte de la comunicación con Roma debió ser por la vía más rápida, o sea a través de Mauritania, provincia romana.

   Es oportuno citar aquí que en el siglo II de nuestra Era, los mauritanos tenían barcos, en número considerable, según cita Rixo en la pág. 10, Capítulo 5: <<En la vida de Marco Aurelio emperador de Roma, escrita por el Obispo de Mandoñedo, edición de Sevilla del año 1533, fol. 28, se lee: “Que el año décimo de su imperio, le fue enviado parte de Inglaterra, que una flota mauritana de ciento treinta naos, conduciendo veinte mil hombres y dos mil caballos, había hecho una invasión en el puerto de Arpino de aquella isla>>.  Cita Rixo a continuación: <<”También reinando dicho  emperador hacia los años 174 de Cristo, los africanos de Mauritania pasaron a lo que hoy  llamamos Andalucía y sitiaron a Antequera, pero los legados romanos se juntaron  y les hicieron repasar  al Africa” Vid. D. José Ortiz, Compendio de la Historia de España, t2, p 18 >>.

   Es lógico deducir que si los mauritanos eran capaces de  llegar a Inglaterra con una flota de esa magnitud, por lógica, también debían tener  comunicación con Canarias, que estaba prácticamente frente a ellos, continuando el intercambio de Roma. Dicho intercambio debió aumentar a partir de Iuba II, fluyendo el componente romano/celta-bereber, tanto humano, como cultural y lingüístico dando lugar a un pueblo e idioma celtíberos.

   Así debieron transcurrir los últimos siglos de la decadencia del imperio romano. El pueblo, su linaje y su cultura iberos, devinieron  ibero-celtas  (celtiberos), por supuesto que subyaciendo la huella de los pobladores que, en menor cuantía, llegaron en épocas anteriores, desde los tiempos más antiguos, para fundirse en el  crisol humano-lingüístico-cultural, que yo lo imagino como un cono invertido conformado por estratos de los distintos pueblos visitantes o pobladores, siendo

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los dos más significativos, por su magnitud, el ibero y ( el último en llegar), el romano/celta-bereber.

   Canarias fue en la antigüedad ese cono, el lugar más lejano de Occidente en el  cual convergieron tanto los pueblos europeos primero, como los celta-bereberes más tarde, dando origen a un pueblo producto de esa mezcla, pero con identidad y fisonomía propias: el Canario.

   En su avance por el Sur de Europa, los europeos llegaron por Finisterre (Fin de la Tierra), en España; por el Norte al Land’s End (Fin de la Tierra), en Inglaterra; por el Talassa Atlantis (Océano Atlántico), hasta Cerne (la habitación última). Al respecto nos cita Viera en la pág. 235: “El geógrafo Scilax Cariandeno asegura que los fenicios navegaron por este mar Atlántico hasta la isla de Cerne, la cual en opinión de Luis del Mármol no es otra que la isla Graciosa. Pero como el sabio Bochart afirma que Cerne  en lengua fenicia significa lo mismo que Chernan,  que quiere decir << lo último de la habitación>> o <<la habitación última>>; se puede  creer que bajo este nombre estaban  comprendidas todas las Canarias, reputadas en la antigüedad por la última  tierra habitable”.

   Yo creo que Cerne (Cherne) pudo convertirse en Chesne, como  aún observamos  por la zona de Santa Cruz, en Tenerife, y de Chesne, puede provenir Chasna, poblado al Sur de Tenerife, por la tendencia celtíbera a intercambiar las vocales e/a.

   Luego de la decadencia, y caída del Imperio Romano en manos de los Bárbaros, correspondiendo África a los Vándalos, cesó la influencia de Roma sobre  Mauritania, y consecuentemente  sobre Canarias. Mauritania misma al quedarse sin el aporte material, político, militar y cultural de Roma, perdió sus medios de  trasporte paulatinamente, y con el tiempo dejó de comunicarse con las islas. El pueblo Celta-Bereber se aisló  en sus montañas del Atlas y en sus oasis, y lo mismo  sucedió con el Canario, reduciéndose como aquel a agricultor y ganadero, olvidándose, con el paso de los siglos, de la escritura y de la navegación, cesando,  como consecuencia, el intercambio entre las Islas, con la excepción  de muy pocos casos que la tradición ha hecho llegar hasta nosotros, efectuados en balsas elaboradas con foles o zurrones.

   Haremos un paréntesis, para luego retomar este tema.

Opina Mr. Campbell, que en el siglo VIII hubo una emigración de Isleños a  América, concretamente a México, donde aparecieron bajo los nombres toltecas (descendientes de los teldes canarios) y olmecas.  Esta opinión queda sustentada  por una gran cantidad de topónimos y otros elementos culturales que observamos desde México hacia el Sur de América, de evidente origen guanche (ibero/celta-bereber), algunos de los cuales señalaremos más adelante.

   Retomando el tema de la anecdótica navegación  en foles,  del pueblo guanche, una vez extinguida la comunicación con Roma, primero directamente, y luego a  través de Mauritania, nos referimos por considerarla de belleza e interés a la  leyenda de Guajara, joven guancha de origen noble, del pueblo de Adeje que induce nuestra mente a relacionarla  con la saga normanda (vikinga) de Gudrún, pues sabemos que existe  una tradición que nos cuenta, que entre los guanches del Sur de Tenerife, hubo varios casos de gente de gran estatura, en tanto que en la  zona del Norte abundaban los rubios. Al respecto nos relata Rixo que Abreu Galindo

 

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en su Lib. III, Cap. X dice: <<A los naturales de esta isla (Tenerife) llaman guanches los que la conquistaron. Era gente de mediana estatura. Los de la banda del sur son muy morenos y los de la banda del norte son blancos y rubios en cuerpo y cabellos>>, y que Espinosa relata en este sentido: << Es esta gente  (los de la banda del Sur) de color algo tostado y morena, agora sea por traer este color de generación, agora sea por ser la tierra algo cálida y tostarlos el sol, por andar casi desnudos  como andaban. Mas los de la banda  del Norte  eran blancos y las mujeres hermosas y rubias y de lindos cabellos>>.

   Cita Viera en la pág. 127. Cap. III. Lib. I, en este mismo sentido, por fe de Bontier y Le Verrier, capellanes y cronistas de Jean de Bethencourt: <<Id por todo el mundo, y casi no hallaréis en ninguna  parte personas  más hermosas, ni gente más gallarda, que la de estas islas, tanto hombres como mujeres, además de ser de buen entendimiento, si hubiese quien los cultivase>>. Dice Viera en la pág. 128: << He visto algunos esqueletos de estas guanchinesas, en cuyos cráneos se conservan los cabellos dorados…>>, y más adelante, en la misma página: <<Espinosa asegura que entre los príncipes descendientes de los reyes de Güímar  hubo uno de catorce pies de alto…>>.

   Citaremos también a Bethencourt, pág. 85: <<Mientras el rey Bencomo era moreno y de ojos negros, su hija Dácil le salió rubia, pecosa y de ojos verdes, así como la otra hija Rosalva de color blanco, con ojos azules; dándose idéntica anomalía en la casa real de Canaria, pues siendo el soberano Guanache  Semidan moreno y de ojos negros, su sobrina Arminda tenía el cabello rubio, anomalía aún más pronunciada en la propia persona de la princesa  Guacimara de Tenerife, que ostentando también una hermosa cabellera rubia, era morena y de ojos negros>>. Creo que la alta estatura pudo originarse por dos fuentes del pueblo fenicio y del vikingo, en tanto que el color rubio y pecoso, del pueblo ibero, del fenicio y del vikingo. El color aceitunado pudo obedecer a dos motivos concomitantes: el componente Celta-bereber, y el clima de la parte meridional y oriental.

   Es oportuno señalar que el pueblo fenicio/cartaginés se estableció en Bilma, en  El Tanque, como veremos más adelante. Era muy blanco y de cabello rubio y hasta  pelirrojo como siguen siéndolo sus descendientes libaneses hoy. Creo igualmente que Las Canalitas, lugar muy cercano a Bilma, debe ser una deformación de Cananitas, nombre con que fueron conocidos los fenicios, además de Cananeos, como de Tauque surgió Tanque. Al respecto cabe señalar  que al Oeste de la India existe un pueblo llamado Cananites o Cananies, descendiente de los fenicios, de color muy blanco y de cabello rubio y pelirrojo, en medio de gente de tez oscura. Este tema de los fenicios y Bilma lo ampliaremos en capítulo aparte.

   Retomando el tema de la posible influencia vikinga en el pueblo guanche, daremos a continuación un resumen de las leyendas de Guajara y de Gudrún.

   Comenzaremos con la leyenda de Guajara, según Bethencourt.

   Dice la tradición que había una joven muy bella de nombre Guajara, sobrina del Mencey de Adeje. Era muy solicitada por los jóvenes más valientes y de sangre real. Su fama llegó a oídos de Tauco, hijo primogénito del Guanarteme de la isla de Canaria, quien deseando conocerla se trasladó a Tenerife, quedando

 

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prendado de ella, ya que su encanto superaba su fama.  Después de varios viajes la solicitó en matrimonio, contando con el apoyo del rey, tío de Guajara, pero ella se  las ingenió  siempre para presentar excusas para no aceptarlo, pero al fin Tauco descubrió que la causa de ello era que había un rival oculto, el Tagorero Ucanca, guerrero muy famoso por su heroísmo. Taco juró vengarse y  preparó una celada, y con ayuda de alguno de sus hombres, aprovechó cuando Guajara había ido sola con sus sirvientas a recrearse en los retamales de Afonche, los cuales  acostumbraba visitar con frecuencia, para sorprenderla y forzarla.

   Consumada su venganza, huyó, en tanto que Guajara se dirigió a contar a su  amante lo sucedido. Ucanca, habiéndola dejado en la cueva del Malpaís, al cuidado de sus vasallos, marchó tras Tauco, pero al llegar a Naga, ya éste había partido hacia su isla. Continuó Ucanca la persecución, << por parte en foles y por otras andando sobre los arrecifes>> hasta que logró vengarse de Tauco, dándole muerte. Luego retornó al lado de su amada, y se casaron, y en represalia contra el tío de  Guajara, y por haber patrocinado a Tauco, se alzó en armas con sus guerreros y lo depuso, dando así origen a la dinastía de los Guajara, tan celebrada en las tradiciones  guanches.

   La saga o leyenda de Gudrún nos narra un drama muy parecido al de Guajara. Es el de una bella princesa de cabellos rubios y ojos azules, hija del rey Hattel, de un país del Mar del Norte. La fama de su extraordinaria belleza atrajo a la corte a trovadores y príncipes de varios países, contándose entre ellos más de un héroe. Uno de esos fue Hartmut, hijo del rey de Normandía. Ella los rehusó a todos, permaneciendo célibe. Al final decidió dar su mano y su corazón a Herwig. Pensaban celebrar su boda muy pronto; pero Hartmut, conocedor de la causa de su rechazo, decidió raptarla, y para ello llegó con sus buques, aprovechando cuando Gudrún  se encontraba sin su padre y su prometido, quienes habían salido a alta mar. Destruyó el castillo, matando a los pocos caballeros que lo cuidaban.

   Huyó luego a su patria, llevándose a Gugrún, poniéndola en manos de su cruel madre Gerlinde, quien la obligaba a hacer las labores más duras e ignominiosas, esperando que con ello se olvidara de Herwig y aceptara a Hartmut; pero Gudrún permaneció fiel a su amado, pues su amor hacia él era más fuerte que el tiempo, la distancia y el tormento.

   Así transcurrieron trece largos años de esperanzada ausencia, hasta que un día  divisó Gudrún, desde la playa a donde regularmente iba con las demás sirvientas  de la corte a lavar la ropa, bajo el frío y la nieve más inclemente, una vela en el  horizonte, sin imaginarse que a bordo estaban su hermano y Herwig, quienes venían a rescatarla. La nave se acercó: ellos la  reconocieron, pero  decidieron alejarse  para liberarla  en abierta lucha, tomando venganza de sus enemigos. Así lo hicieron: destruyeron el castillo, mataron a Hartmut y también a la cruel Gerlinde, a pesar de que Gudrún pidió a los guerreros que la perdonaran. Luego regresaron a su  patria, donde al fin se celebró la boda de Gudrún y Herwig.

   Para concluir estas consideraciones previas, diremos que durante esos ocho siglos de la Edad Media, entre el V y fines del XIII, no hubo influencia exterior que modificara la raza, la lengua, ni la cultura guanches, excepción hecha de la probable visita de los vikingos. Entre tanto, carente de herramientas, por no

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poseer metales, no pudieron construir medios de transporte  marítimo, excepción hecha de los foles de que nos habla la tradición, para la comunicación  entre las islas. Igualmente olvidaron la escritura, lo mismo que otras manifestaciones de la cultura, aunque conservando algunas pocas, que ya hemos mencionado, junto a un lenguaje común, con péqueñas diferencias de vocabulario, que apenas  matizaban su aspecto, aunque no su esencia, entre una isla y otra,  al igual que la unidad de costumbres ancestrales, con sus virtudes de laboriosidad, honradez, equidad  y justicia, amor a su tierra y a la libertad, no sin los defectos propios de todo pueblo. Luego vendría el aporte de la sangre, la lengua y la cultura de Castilla y de las demás regiones españolas, para surgir de esa unión, el Canario de hoy, que tanto en, como lejos de sus Islas, sigue queriéndolas y honrándolas, con el mismo  fervor con que lo hicieran sus ancestros de ayer.

 

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