AMIGO DAVID. A David Fernández (In Memoriam)

Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán.

 

Palabras del Prof. Domingo Ruiz Guzmán, pronunciadas en el

HOMENAJE PÓSTUMO A DAVID FERNÁNDEZ

ofrecido por la Asociación Alianza Palmera,

en el Hogar Canario de Caracas, el 15/XI/1995.

 

Hablar sobre David Fernández me es muy emotivo. Para esta oportunidad he escogido el tema del idealismo, de la pasión y fervor que David imprimió a su labor de estudioso e investigador de la Historia, especialmente la relacionada con las raíces y obras de sus paisanos canarios que le precedieron,  y también de sus contemporáneos, tanto de allende, como  de aquende el Mar Océano.

Tuve la suerte de conocerle de cerca, y deseo destacar su acuciosidad y afanoso espíritu de  recolector de todo detalle que pasara  ante sí, que contribuyera a conformar, a tejer su obra en mente.  Siempre estaba provisto de su agenda donde anotaba cualquier detalle: nombre, fecha, palabra o testimonio que  consideraba útil para su propósito. Meditando sobre lo tanto que sembró en sus múltiples obras para el conocimiento y emulación de la presente y de las futuras generaciones, rescatando del inminente olvido a personajes y hechos que hoy nos honran y enorgullecen y que han de servir de ejemplo a seguir por las juventudes de hoy y de mañana, a la vez que han contribuido sustancialmente a afirmar y aumentar ese tradicional sentimiento de respeto y estima de nuestros hermanos americanos hacia el pueblo canario; meditando sobre la dedicación a tiempo completo a esa siembra,  como una vocación que trascendió sus propios intereses materiales, así como Plutarco, el historiador griego, asoció en su obra “Vidas Paralelas” a Alejandro Magno y César, y a Demóstenes y Cicerón, por sus personalidades y destinos semejantes, así creo haber encontrado un paralelismo entre David Fernández, el Sembrador de  Historias, y ese personaje que pasó a ser leyenda: John Apple Seed (Juan Semilla de Manzana).  Por ello, al referirme a John, favor transportar vuestra imaginación a nuestro personaje hoy homenajeado: David Fernández.

Cuenta la leyenda que John se adelantó a los Pioneros que marchaban a la conquista del Oeste Norteamericano, sembrando semillas de manzanos y de otros árboles frutales,  para que cuando sus hermanos de aventura pasaran luego por allí,  encontraran manzanas y otras  frutas, para llenar sus estómagos vacíos, y recuperar fuerzas para seguir adelante,  luchando y avanzando en su larga y azarosa  marcha.

Se me ocurre pensar que la leyenda omitió mencionar el Hada compañera, que debió estar siempre a su lado,  protegiéndole,  animándole, alimentándole, dándole amor y aliento en los momentos de fatiga, para proseguir sembrando más y más semillas, guardándolas en su alforja, seleccionándolas y llevándoselas a John cuando se las pedía, y protegiendo con el solícito cuidado de sus manos aquéllas que hubieran quedado a la intemperie.

Así germinaron esas semillas, surgieron los brotes que cubrieron de verdor los campos, florecieron, fructificaron, y, al llegar sus hermanos de aventura, sedientos y hambrientos,  y saborear sus deliciosos frutos, bendecían la incansable labor benefactora, silenciosa,  y altruista de John y su Hada compañera.

Intuyo que la leyenda olvidó igualmente el epílogo de esa siembra, y el cual podríamos descubrir reflejado en la Rima del poeta alemán Johan Wolfgang Goethe: “El Reparto del Mundo” (Die teilung der Erde), en el cual, el vate, que era también soñador,  protagonista identificado con su propio poema (como lo hacemos todos los poetas idealistas e intimistas), nos narra que no acudió a tiempo al  Reparto del Mundo por estar inspirado, cantando en sus versos las grandezas del Creador. Así también John, al concluir su siembra y volver la vista atrás, se sintió satisfecho de su labor cumplida, por haber realizado su sueño, pero al despertar y avanzar en su camino de retorno al campo de la realidad,  con su compañera,  encontró a sus hermanos ya dueños de haciendas, granjas, negocios, fábricas y demás empresas, y centros sociales donde tenían dificultades para acceder por no ser afiliados,  hasta que al final llegó a Dios que acababa de hacer el Reparto, y le dijo: Señor: ¿y dónde está mi parte?. Y Dios le contestó: John, ya todo está repartido. Yo llamé a todos los hombres de la Tierra para que tomaran lo que desearan, y tú, ¿dónde  estabas?, ¿por qué no tomaste tu parte?, y John le explicó: Señor, yo estaba sembrando semillas para que mis hermanos tuvieran frutos  cuando pasaran  en sus caravanas.  Por eso llegué tarde. Pues no te preocupes, John, que para los soñadores altruistas y benefactores como tú, tengo reservado un lugar especial en mi Reino. Cuando lo desees, puedes ocuparlo: las puertas de la Gloria estarán siempre abiertas, esperando por ti. ¡Ah!, y di a tu Hada Compañera que también he reservado para ella un lugar junto al tuyo,  que bien se lo merece, pues ambos sois afiliados ad-honorem al Hogar del Cielo.

Y hoy, los descendientes de aquellos pioneros recuerdan con orgullo, cariño y gratitud imperecederos, a aquel antepasado soñador,  benefactor, sembrador de esos frutales que alimentaron a sus mayores, y cuyas semillas han llegado hasta nuestros días, y quizás también nosotros, al saborear alguna de esas sabrosas manzanas de California,  nos estemos deleitando con el fruto de la siembra de John.

De igual manera, la siembra de  nuestro paisano y amigo David, y su Hada Compañera, su muy amada esposa, nuestra querida Mary Mesa, aquí presente, está dando ya sus frutos, frutos que son valorados en su justa dimensión por esta ilustre concurrencia, que aprecia y admira  su inestimable obra.

La imagen de David Fernández, como dijera el poeta,  sobre el Libertador Simón Bolívar: “Se extenderá con el paso del tiempo, como  crece la sombra, cuando el Sol declina”.

Y para concluir, voy a recitar un poema que he compuesto para David.

                A David Fernández

(In Memoriam)

Caracas, H.C.V., 15/XI/1995

“Honrar honra”, así decía
el bardo José Martí,
y al honrarte en poesía,
me honro,

AMIGO DAVID

 

Te elevaste silencioso,
como jilguero canario,
que remonta el campanario
para en la altura brillar,
y cual el muy melodioso,
de timbre exquisito “flauta”,
que en el trinar de la pauta,
se yergue para cantar.

 

Sin descanso te ilustraste
en tu Canarias querida,
Venezuela de acogida,
al igual que en Uruguay,
y muy noble los honraste,
pues a los tres has servido,
como hijo esclarecido,
con fervor y lealtad.

 

En tus obras has narrado
la historia de Isleña Gente
en el Nuevo Continente:
Cuna, Camino y Labor…
Y ese fruto del pasado,
cuya semilla sembramos
en el niño, le enseñamos
a emularlo con honor.

 

A  nuestro Dios le pedimos
te dé, pues son tus amigos
de tus virtudes testigos,
la Eterna Felicidad,
y desde aquí te decimos
que nunca te olvidaremos,
y siempre recordaremos
tu talento y tu bondad.

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Prof. Domingo Ruiz Guzmán
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