EL CRITICÓN

Pues se da lo que se tiene,
una pluma emponzoñada
deja su huella impregnada
del veneno que contiene.

Y así tampoco se abstiene
una lengua viperina,
cuando comenta y opina,
de su acción maledicente:
goza ofendiendo a la gente
con su palabra mezquina.

Es que en el fondo de su alma,
no puede existir la paz:
con su crítica mordaz,
en su espíritu no hay calma.
Riega todo lo que alarma
y entristece el corazón;
consistiendo su pasión,
en llevar al semejante,
la prédica repugnante,
que causa desilusión.

De esos seres, por desgracia,
siempre ha habido, y te dirán
que existen y existirán,
como hay de todo en farmacia.
Mas, no es muestra de arrogancia,
si aún con tu comprensión,
tu indulgencia y compasión,
te alejaras del sujeto,
que no demuestra respeto,
por la humana condición.

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Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán.
Etimólogo y Poeta.
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