EL USO DE LA J Y LA G EN NOMBRES PROPIOS. Jerónimo vs. Gerónimo.

El uso de la J y la G en nombres propios. Jerónimo vs Gerónimo.

La J con sonido de Y consonante procede del Griego Ierónimos, compuesto de dos raíces: Ieros = sagrado + Onoma = nombre, o sea, “Nombre Sagrado”. El sonido de la I (Iota) Griega ante vocal, está representado en Castellano por la Y consonante, como en Yerena. La I (iota) Griega pasó a representarse en Latín como  I consonante, como J y como Hi, siempre con sonido de Y consonante  Castellana: Ieremías, Iésus  y Hierónimo (filósofo rodo), y en Castellano, como J en Jerónimo (Santo, Doctor de la Iglesia), donde  la Iota Griega pasó a tener sonido de H aspirada. Cuando la Iota se escribe con G, como sucede en Francés Gerome, y en el Inglés Gerónimo, la G tiene sonido de Y consonante Castellana; de ahí procede la confusión. O sea que  resumiendo, la escritura y pronunciación correcta en castellano debe ser Jerónimo.

Es de hacer notar aquí la influencia de los Guanches o Canarios, quienes formaron el setenta por ciento de las Expediciones Españolas participantes en el Descubrimiento, Conquista y  Colonización del Nuevo Mundo Hispano, quienes dejaron su huella en el Español  Atlántico o Castellano Koiné (común) hablado en un  principio en Canarias, donde el Español ortodoxo Peninsular era un idioma extraño, que nunca se llegó a hablar bien,  y hoy lo hablamos más de 300 Millones de Hispanohablantes, en el Nuevo  Mundo Hispano, donde existe en la fonética el Seseo, el Yeísmo y  el Leleo (término este último de mi creación), así como la  no diferenciación entre R/L, J/G y V/B. De ahí Febres/Febles, Gerónimo por Jerónimo, Yerena por Llerena, y Venezuela por Benezuela. Yo defiendo la tesis de que ambas formas deben considerarse correctas, pues los idiomas son como los seres vivos, que evolucionan: nacen, crecen, se reproducen y dan paso a sus  hijos, siendo las mayorías cultas las que imponen su corrección.
Los Guanches o Canarios fueron llevados por los Españoles, en los  siglos XIV  y XV, a la Península, primero a Aragón, y luego al Levante y Andalucía, llegando hasta Extremadura. Fueron  asignados principalmente a las labores del campo (Agricultura y Ganadería). Al final, su Punto de Arribo era Sevilla. Fueron bautizados con nombres Cristianos y apellidos Españoles, perdiendo en casi su totalidad sus nombres autóctonos, quedando muy pocos como Guánchez, Bencomo, Tacoronte, Alfaro y Baute. Su vida era muy difícil, por ello, cuando surgió la oportunidad de enrolarse como miembros de las Expediciones al Descubrimiento, Conquista y  Colonización del Nuevo Mundo, lo  hicieron, corriendo lo riesgos de la  Aventura, a cambio de Nuevos Horizontes. Luego continuarían haciéndolo  desde las Islas, en forma  continuada, hasta nuestros días, dando el nombre a Venezuela, su sangre, su  trabajo creador, sus costumbres, su idiosincrasia y su lenguaje castellano característico. El Canario llegó con su familia para  quedarse, fundar su hogar e integrarse, participando plenamente de las ilusiones, vicisitudes, defensa, alegrías y desdichas de Venezuela.

*Filólogo, Prof. Domingo Ruz Guzmán.
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