FIESTA DE SAN JUAN

El astro rey resplandece,
mañanero en el Oriente,
lentamente languidece
en la tarde al Occidente.
En el cénit, va a alcanzar,
lo más alto de su vuelo,
para así manifestar
su gran poder y apogeo.

En solsticio de verano,
el cielo se ve escarlata,
y mil destellos dorados
ornan los hilos de plata.

Por las mañanas se asoman,
los hachitos de San Juan,
y mil fogatas resaltan
desde la cumbre hasta el mar.

Estelas de fuego fulgen,
desde la cima al bajar.
Bello rosario de luces,
se ve a lo lejos brillar.

Poleo y romero en rama,
fresquecitos del pinar,
en las hogueras se inflaman
para el ambiente aromar.

Hay una noche en el año,
de muy corta duración,
cuyo día se hace largo
e invita a la diversión.

Miles de romeros vienen,
unos danzan, otros van
entonando el tajaraste,
en la noche de San Juan.

Fuego purificador
que la herida cicatriza,
fuego que torna el dolor
en alegría y sonrisa.

Saltando sobre las llamas,
al bajar desde las lomas,
que en la Fiesta de San Juan,
al mar, que abajo se asoma,

la gente suele traer
trastos, palos y maderas,
para en la noche encender
espectacular hoguera.

Chisporroteos brillantes,
se dispersan por la brisa,
tras avivar las hogueras,
los carbones que se atizan.

Bendice, San Juan Bautista,
bendice los bellos campos,
pa’ que recree la vista,
de la flor, el bello encanto.

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Autora: Lcda. Rosa María Ruiz Alonso, M.Sc.
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