ICOD, JARDÍN DE NIVARIA

A mis paisanos pioneros, que por centurias han emigrado de Icod y de los demás pueblos de Canarias, a América y al resto del Mundo, como un homenaje de admiración, respeto y gratitud, por su ejemplar esfuerzo en honrar el gentilicio.

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Canarias, mi tierra amada,
Tenerife de mis sueños,
Icod, mi cuna guardada
aquí, dentro de mi pecho.

Quien viera la luz un día
en el Jardín de Nivaria,
lo recuerda de por vida,
desde el fondo de su alma.

Icod, terruño querido,
te llevo siempre en mi mente,
por eso nunca te olvido,
y te mantengo presente.

Tus mujeres, ¡qué dulzura!,
y tu gente, ¡qué cordial!:
la madre, toda ternura,
su niño al acariciar.

Todos tratan con esmero,
de ser un buen anfitrión,
y por eso el forastero
regresa al pueblo de Icod.

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Grabada tengo tu estampa:
tu tapiz de bellas flores,
los pinos y las retamas,
los parrales y cardones.

Tu Drago Majestuoso
y la playa de San Marcos,
tu Corpus Christi famoso
y la Fiesta del Calvario.

Las Tablas de San Andrés,
los Hachitos de San Juan,
tradición que, como ayer,
la disfruto al recordar.

¡Qué encantador tu paisaje!,
¡Qué sosiego existe en ti!,
¡Vaya que por esos lares
vale la pena vivir!

Al fondo, el Teide imponente,
al frente, el mar insinuante,
que siembra en el Icodense
inquietudes de viajante.

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El mismo que una mañana
partió, siguiendo su sino,
en el alma la nostalgia,
por caprichos del destino.

Con astucia y valentía,
se enrumbó hacia el horizonte,
teniendo la fe por guía
y el optimismo por norte.

Atrás dejó su familia,
sus amigos, sus amores,
todo lo que más quería…
Se fue con sus ilusiones.

Dos símbolos de Canarias:
Teide y Drago, allá en Icod;
la Virgen de Candelaria,
prendida en su corazón.

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Llegó lejos, y acá helo
bregando fraternalmente:
se siente en casa, en su  suelo,
y se integra totalmente.

Por eso, los Icodenses,
como todos los Canarios,
son queridos mundialmente,
como propios, como hermanos.

Y en Tierra Venezolana,
pone en alto el gentilicio:
por sobre todo se ufana,
de ser honrado y ser digno.

Y también, toda su vida,
Canario y Guanche, hasta el fin…
y del honor de sus Islas,
esforzado paladín.

Sin olvidarse jamás,
pues fiel la promesa empeña,
de cuanto dejara atrás
en su amada Tierra Isleña,

y la esperanza no pierde
de regresar a su Suelo,
contemplar nevado el Teide
y morir bajo su Cielo.

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Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán.
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