«CURSI, PERO ENCANTADORA»

La pavita, que es «sifrina»,
que también nombran «snob»,
a la poluta neblina
prefiere llamar «smog».

Denomina «lapsus mentis»
el pronunciar un error,
y cuando empeña un objeto,
dice que lo «pignoró».

Los perfumes que ella usa,
presume son de «Chanel»,
y juran las malas lenguas
que los adquirió en «El-Mer». (*)

Comenta que el otro día
regresó de Gibraltar,
sin decir que es el Zuliano,
no el Peñón Peninsular,

y que todos sus hermanos
tienen buena posición:
se han integrado en equipo
y viven de su pensión.

El más viejo es del conjunto
habilidoso portero,
el segundo tiene fama
de cuidadoso platero,

el que le sigue en edad
es eficiente cajero
y el más pequeño de todos
un dinámico banquero.

mas, no aclara que la puerta
la abre y la cierra el primero,
el segundo lava platos,
y cargan cuarto y tercero.

Es muy «chic» y delicada,
se contonea al andar,
para que todos la admiren,
cuando la vean pasar.

Si alguno le invita al cine,
quizás lo pueda aceptar,
pero a un restorán de lujo
debe llevarla a cenar.

Pues le gusta el queso fino,
igual que el «paté de fuá»,
champiñones al ajillo
y el biftec con «petí puá».

Y luego a la discoteca,
a divertirse y bailar,
saborear la champaña
y lucirse entre la «jay».

Es muy «fifí» y refinada,
y en el colegio aprendió,
que un «gudbay» es más sonoro
que el tradicional adiós.

Al preguntarle su amigo,
si lo quiere, en vez de sí,
con acento afrancesado,
le contesta con » uí, uí «.

Por pensar que el hasta luego
es algo ya desusado,
a fin de estar a la moda,
en italiano usa el «chao».

Y si quiere resaltar,
en caso de afirmación,
emitirá en alemán
el enfático «yavol».

O también, para negar,
al estilo del «yet-set»,
desdeñando el vulgar no,
se vale del ruso «ñiet».

Cuando se encuentra en la calle,
nunca toma el autobús,
pues siempre consigue «cola»
de «pure» (**) o de juventud.

Pelo teñido y rizado
y descote suele usar,
con «mini» que desmemorie
al «chif» que le iba a dictar.

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Desde que comenzó el Mundo,
siempre ha habido la mujer,
cursi, pero encantadora,
y difícil de entender.

De la existencia es la sal,
y sin su coquetería,
para el hombre la ilusión
de vivir, no existiría.

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(*) El Mercado.
(**) viejo.

Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán