SUCESOS DE SANTA TERESA

(In Memoriam)

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Venezuela triste estaba,
con su bandera a media asta,
y un crespón negro enlutaba
el Tricolor de la Patria.

Las  campanas se callaron
de tristeza y de dolor,
las flores se marchitaron,
en la Semana Mayor.
Porque Caracas sufría
una gran pena ese año:
cuarenta y nueve perdía,
ovejas de su rebaño.

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Miércoles, nueve de Abril,
cinco de la madrugada,
del año cincuenta y dos,
día de Semana Santa.
De Santa Teresa, el Templo,
de almas fieles está lleno,
y desde el anciano al niño,
se visten de Nazareno.
Nazareno de San Pablo,
con siglos de tradición,
para Quien todos trajeron
un ruego y una oración.
Santa Teresa Patrona
de sus devotos escucha
la plegaria en que le imploran
interceder por sus culpas.
El Templo está silencioso,
y tan sólo es percibido
el resplandor caprichoso
de los cirios encendidos.
De pronto, ¡FUEGO!, alguien grita,
y a su voz todos alerta,
con el pánico en el rostro,
buscan ansiosos la puerta.
Los más fuertes se abren paso,
los débiles lanzan gritos,
y en el tumulto perecen
jóvenes, viejos y niños.
Decenas de madres lloran
la pérdida de sus hijos,
y otros gimen, sin consuelo,
la de sus seres queridos.

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Venezuela triste estaba,
con su bandera a media asta,
y un crespón negro enlutaba
el Tricolor de la Patria.

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En tragedias, como ésta,
de congoja y aflicción,
a los hermanos que sufren
pidamos resignación.
Pues son designios del Cielo,
que debemos acatar,
diciendo todos: ¡SEÑOR,
HÁGASE TU VOLUNTAD!

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Autor: Prof. Domingo Ruiz Guzmán.