TEIDE PRIMAVERAL

El atrio de Las Cañadas
se encuentra muy decorado,
pues los pinceles de Mayo
le han pintado mil retamas.

Al anochecer, la Luna,
en laguna reflejada,
observa su blanca hechura,
y queda maravillada.

En aquel helado espejo,
a un lado se ven Los Roques,
y allá, en el fondo, a lo lejos,
mil diamantes y un codeso.

Los tajinastes gigantes,
de gala visten rubíes,
sus destellos fascinantes
alumbran los alhelíes.

La linda magarza blanca,
que entre las rocas florece,
completa la bella estampa
que el gran Teide nos ofrece.

Y allá en el Valle de Ucanca,
que forma el inmenso lienzo,
la violeta se destaca,
ve el volcán y le da un beso.

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Autora: Lcda. Rosa María Ruiz Alonso, M.Sc.
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